El origen de El Grito

  • EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1910, EN MINATITLÁN, VER.

C. P. Renato P. Vásquez Chagoya


El 15 de septiembre de 1810, advertido el señor cura de Dolores, Guanajuato, Miguel Hidalgo y Costilla, de que la conspiración de Querétaro había sido descubierta, exclamó ante algunos de sus íntimos: “No hay más remedio que ir a coger gachupines”.
El Grito no se refiere a esta expresión, sino a la arenga que, al siguiente día, presumiblemente a las 7 u 8 de la mañana –y no en la madrugada, como afirman la mayoría de los historiadores– dirigió Hidalgo a los vecinos y rancheros que se habían congregado en la parroquia para asistir al sacrificio de la misa.
El 16 de septiembre de aquel año fue domingo, día en que los pobladores rurales se congregan en las cabeceras de sus distritos para concurrir a los oficios religiosos y al mercado.
El cura Hidalgo no pudo exhortarlos a sublevarse antes de que llegaran, cosa que ocurre ya entrado el día, ni tampoco pudo llamarlos haciendo tocar la campana, pues sus comunidades se encuentran muy distantes.
Tuvo, pues, que esperar a que se reunieran normalmente, como siempre lo habían hecho. La celebración de El Grito Ceremonia que se celebra, a las 11 de la noche del 15 de septiembre de todos los años, en el aniversario de la proclamación de la Independencia Nacional en 1810.
El presidente de la República, los gobernadores de los Estados y los presidentes municipales salen en esa ocasión al balcón central de su sede y, al tiempo que tremolan una bandera, suelen exclamar ante la multitud congregada en la plaza de armas: ¡Viva México! ¡Viva la Independencia! ¡Vivan los Héroes!
En 1896, el presidente Porfirio Díaz, a iniciativa de Guillermo Valleto y Gabriel Villanueva, hizo traer a la Ciudad de México, desde la parroquia de Dolores, el esquilón San José, campana con la cual el cura Hidalgo convocó al pueblo la mañana del 16 de septiembre.
Condujeron la reliquia histórica los generales Sostenes Rocha e Ignacio Salas; el 14 de septiembre fue colocada sobre el balcón central del Palacio Nacional y el 15 se inició la tradición de hacerla sonar por el jefe del Estado.
El esquilón, fundido el 28 de julio de 1768, mide 1.77 metros desde la orilla de la boca hasta la parte superior del contrapeso y 1.09 metros de diámetro.
Antecedentes Respecto a las primeras celebraciones del aniversario del Grito de Independencia, se sabe que el general Ignacio López Rayón organizó una ceremonia en Huichapan, el 16 de septiembre de 1812 (Diario de operaciones militares), con descarga de artillería, vuelta general de esquilas y una proclama redactada por Andrés Quintana Roo.
El 16 de septiembre de 1813, José María Morelos hizo lo propio en Oaxaca (El correo del Sur, número 30).
El primero de marzo de 1822, el Congreso Constituyente declaró fiesta nacional el día 16, lo cual fue ratificado el 27 de noviembre de 1824.
La celebración tuvo especial importancia en 1825, siendo presidente de la República el general Guadalupe Victoria, gracias al empeño de Juan Wenceslao Sánchez de la Barquera, síndico del cabildo municipal.
En 1823 se habían trasladado a la Ciudad de México los cráneos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, que se hallaban en el cementerio de San Sebastián, en Guanajuato. Primero se depositaron en la capilla de San Felipe de Jesús –primer santo mexicano– y luego en la cripta del Altar de los Reyes, ambas en la Catedral metropolitana, hasta que en 1910 fueron llevados a la Columna de la Independencia.

El cambio de fecha en la celebración Consagrado el 16 de septiembre como día de fiesta nacional, parece que el 15 fue conmemorado por vez primera en 1846, con serenata frente a Palacio y velada en la Universidad, donde pronunció una oración encomiástica un alumno del Colegio de San Gregorio (El Siglo XIX).
A juzgar por el Primer Calendario Liberal, arreglado al meridiano político de la Federación para el año de 1852, por el licenciado don Liberato Garabo Panzacola, defensor y abogado del pueblo, las ceremonias del 15 siguieron efectuándose, pues ese año hubo función patriótica en el teatro, repiques a vuelo y salvas de artillería.
La presentación del jefe de Estado en la ceremonia, sin embargo, y los vítores de éste a la patria y a los héroes, fue iniciativa del presidente Benito Juárez, la noche del 15 de septiembre de 1864, en la noria de Pedriceña, Durango.
José María Iglesias, en sus “Revistas Históricas sobre la Intervención Francesa en México”, describe así aquel acto: “En la capilla del pueblo, que servía de alojamiento al batallón de Guanajuato, pronunció un improvisado y elocuente discurso el licenciado Manuel Ruiz, y en seguida, habló también el presidente de la República, cuyas sentidas palabras conmovieron a la concurrencia”.
El Centenario de la Independencia en Minatitlán El final del siglo XIX sorprendió a Minatitlán, con el cambio de la aduana marítima y del puerto de altura, que se trasladarían a Coatzacoalcos, provocando un gran descenso en la población. Se sufría también el descenso en el aprovechamiento de los bosques, transformados en madera y con ello, la escasez de embarcaciones que antaño llegarían en gran número a nuestro puerto de altura.
Descendió gravemente la actividad comercial, agrícola y marítima, que flageló severamente a la población, porque entonces ya no había empleos ni actividad económica en que ocuparse.
Nos dejaría a cambio, el final del siglo XIX, una nueva iglesia convertida en cabecera parroquial, que substituía a la renovada capilla reconstruida en 1859, cuyo origen provenía de la colonización de Tadeo Ortiz de Ayala, allá por 1826.
Se vislumbraba la inminente llegada del ferrocarril, que ya en 1894 comunicaba a los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz.
Irrumpiría Minatitlán en el misterioso siglo XX, en 1901, con exploraciones y perforaciones petroleras en la congregación de Salinas, hoy Emilio Carranza, sin resultados positivos.
Ya para 1902, las exploraciones y perforaciones de los hermanos Pearson, constructores del ferrocarril, darían resultado en El Chapo, de la congregación de San Cristóbal, donde se ubicaría el primer pozo petrolero del sur de Veracruz y del norte del Istmo de Tehuantepec.
A finales de 1905, los hermanos Pearson comprarían los terrenos de las Riberas Coloradas y de Las Carboneras, para establecer una refinería experimental, en lo que hoy es la Refinería Lázaro Cárdenas, y en donde, a inicios del siglo XIX la familia Baldwin instalaría un astillero para la construcción de goletas.
Sorprende a Minatitlán 1906, con el desmonte de las Riberas Coloradas y Las Carboneras, para iniciar así la construcción de las instalaciones petroleras.
Ese mismo año, nos traería el primer levantamiento armado en la zona sur de Veracruz, precisamente en la sierra de Soteapan, contra el régimen de Porfirio Díaz, encabezado por Hilario C. Salas y en donde participarían de manera activa los minatitlecos Raúl Pérez, Wilfrido Turcott, José María Novoa, entre otros.
Minatitlán irrumpe de lleno en el mundo petrolero, al refinarse el primer barril de crudo el 18 de marzo de 1908, alcanzando una producción de 2 mil barriles diarios de petróleo refinado, resultado de una inversión de 100 mil pesos.
La población se elevaría de mil 206 que era en 1900 a 7 mil 300, a consecuencia de la instalación de la industria petrolera.
Además, preponderantemente en la región se producía algodón, azúcar y tabaco, que se exportaban por Acayucan y Cosamaloapan. El hule y los frutos tropicales se exportaban por Minatitlán. También se incrementa la actividad ganadera.
Y lo que parecía lejano, llegó a Minatitlán en 1909, cuando se inaugura el servicio de pasajeros de Minatitlán a la estación de Hibueras, hoy del Carmen, a través del ferrocarril. Y para el siguiente año, o sea 1910, el servicio se complementaría con el de carga, para hacer desaparecer el servicio de la arriería con otras poblaciones.
Al celebrarse el Centenario del inicio del movimiento de Independencia, Minatitlán entre otros cientos de villas, fueron elevadas a la categoría de ciudades por recomendación de Porfirio Díaz, entonces presidente de la república.
Desde muy temprano del 15 de septiembre de 1910, las autoridades municipales, acompañadas por
representantes estatales y federales, así como personalidades del lugar, en las esquinas y lugares principales del pueblo, leyeron en forma solemne el bando que daba la categoría de ciudad a Minatitlán y recordaba la gesta heroica de 1810.
Y ello, permitiría a esta pequeña comunidad, contar por primera vez con un parque y un mercado público, que fueron construidos por instrucciones del gobernador del Estado Teodoro A. Dehesa, precisamente para significar
ese primer Centenario del inicio de la Independencia.
Los trabajadores petroleros que laboraban en la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, por su parte, donarían un busto de Miguel Hidalgo y Costilla, padre de la patria, que sería colocado en el recién estrenado parque público.
Justo, es decir que el mercado público llevaría desde su inicio el nombre del libertador Miguel Hidalgo y Costilla, y el parque público desde entonces sería conocido como Independencia.
La fecha, esta fecha, merece ser recordada, por el inicio de una lucha iniciada en 1810, que provocó cambios radicales, que permitieron a nuestra patria, después de 300 años, su liberación de la colonia y del yugo español.
Y merecería que se le recuerde por su trascendencia histórica, que nos ha permitido vivir en libertad por ya casi 200 años.
¡Viva México!

Mercado Miguel Hidalgo y Costilla, inaugurado el 15 de septiembre de 1910, primer centenario del inicio de la Independencia de nuestro país.
Parque Independencia, inaugurado el 15 de septiembre de 1910, luciendo el busto del Padre de la Patria Miguel Hidalgo y costilla, donado por los trabajadores de la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, S. A. de C.

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